Desarrollo de la estructura craneofacial: la boca del niño
Publicado en: clinica dental madrid, dentista, ortodoncia estetica
El desarrollo del niño y bebe: Crecimiento craneofacial.
Al nacer, la cavidad craneal es unas 8 veces mayor que el esqueleto facial, mientras que al final del crecimiento sólo lo es 2,5 veces.
La cara del lactante está caracterizada por una poderosa calota craneal y por unos ojos grandes, mientras que las zonas nasal y oral tienen una altura mínima y la mandíbula está claramente en retrusión.
La discrepancia sagital entre el maxilar superior y la mandíbula ya se reduce de forma importante en los primeros meses de vida, debido a un brote de crecimiento mandibular.
A continuación, se detiene el marcado desplazamiento anterior del componente mandibular respecto al maxilar, que queda retrasado.
No obstante, esta diferencia de posición se intensifica de nuevo en la pubertad, especialmente en los chicos. Así pues, partiendo de un perfil facial oblicuo (o convexo) que retrocede claramente se alcanza el perfil prácticamente recto del adulto.
A estos cambios sagitales destinados a conseguir la profundidad facial, y con ello la longitud del maxilar, se suma un importante aumento en altura.
El desarrollo vertical es una condición, por una parte, para el agrandamiento del espacio nasal, y por otra, para la erupción de los dietes y la formación de los procesos alveolares en la cavidad oral, que dependen de dicha erupción.
La cara rota igualmente con la expansión vertical y se sitúa bajo la cavidad craneal, en posición ventral respecto a la base del cráneo.
A consecuencia de ello, en la arquitectura de la cabeza se va reduciendo el imponente dominio que ostenta el neurocráneo al nacer y las estructuras faciales adquieren prominencia y una altura creciente.
Este proceso se acompaña de un desarrollo transversal, en que, no obstante, el aumento de anchura de la cara excede ampliamente el de los maxilares en la zona de los molares.
Los complejos procesos de desplazamiento y crecimiento del maxilar superior y de la mandíbula requieren un control detallado y coordinado, que puede verse ligera o gravemente alterado genéticamente o por causas epigenéticas, así como por disfunciones musculares, influencia de los tejidos blandos o interferencias externas provocadas por el propio niño.
De ello se derivan los componentes esqueléticos en las maloclusiones y desarmonías faciales. En caso de variaciones importantes, estos elementos también pueden clasificarse como pertenecientes a la variabilidad normal (no patológica), siempre que estén dentro de lo limites.
Los antecedentes y sucesos patológicos –p.ej., en el sistema de sutura del maxilar, en la región condílea de la mandíbula o, en general, en el sistema de hueso y cartílago, así como en el sistema muscular y los tejidos blandos- conducen a deformaciones graves del esqueleto facial en las tres dimensiones.
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